¿Qué licencia necesitas para hacer una reforma en tu casa?

Ayuntamiento de Sevilla

Llega el buen tiempo y con él la mejor época para hacer esa reforma que necesita tu casa, esa pequeña o gran rehabilitación y esas mejoras para poner tu vivienda a la venta y poder revalorizarla.

Además de las decisiones intrínsecas propias de las elecciones de la reforma, surgen las dudas del tipo de licencia que debes pedir.

En relación al tema de las licencias existen numerosas falsas creencias, que te pueden llevar a una sorpresa innecesaria. Dependiendo del tipo de reforma a realizar necesitas saber qué tipo de permiso o licencia necesitas.

Los ayuntamientos tramitan las licencias de obra.

Cada ayuntamiento tiene su propia normativa tanto para la solicitud como para las normativas, aunque en general, son más o menos similares en todos los consistorios. Lo más recomendable es que acudas al punto de atención al ciudadano de tu ayuntamiento y solicites información sobre los tramites necesarios para tu tramitación de licencia y el correspondiente pago de tasas municipales.

Licencias de obras menores

Este es el tipo de licencia, de Obras Menores, que deberías solicitar si tu obra o reforma no necesita modificación de paredes o tabiques.

Aunque Pintar, Alicatar o Cambiar un suelo no necesitan permisos, algunos Ayuntamientos sí solicitan un comunicado de obra de la vivienda.

Licencias de obras mayores

Este tipo de licencias si es necesaria para obras que si conlleven cambios en la distribución del inmueble, como por ejemplo la ampliación tirando tabiques tanto de cocinas como de cuartos de baño.

La solicitud de obras mayores requiere la aprobación por parte del ayuntamiento, de los cambios estructurales, tras la previa presentación del proyecto de reforma, que deberá estar visado por el colegio de peritos correspondiente.

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En PorticoSur ¡Somos Mediadores!

MEDIADORES

Dentro de la naturaleza humana es inherente el conflicto, y no es una solución el evitarlos, ya que por si solos no se solucionarán. La resolución de un conflicto, y más si somos responsables de haberlo generado, supone un desgaste tanto físico como psicológico.

Por ello, siempre hemos preferido que una tercera persona decida y resuelva el conflicto aunque no salgamos beneficiados en la resolución.

Siempre ha existido, aunque ahora surge con mayor fuerza, la figura del MEDIADOR, como complemento a la via judicial, para la resolución de conflictos.

La Mediación en España, en materia civil y mercantil no se ha regulado hasta el año 2012 en la Ley 5/2012 de 6 de Junio de Mediación de Asuntos Civiles y Mercantiles. Si bien , la intermediación en ámbito familiar se lleva utilizando desde hace años,  con resultados muy positivos en America y Europa.

La Mediación es un proceso voluntario en el que dos o más partes involucradas en un conflicto trabajan con un profesional imparcial, el mediador, para generar sus propias soluciones con el fin de resolver sus diferencias. El mediador trabajará para que las partes vuelvan a comunicarse, expresen sus emociones, necesidades e intereses, lo que hará que sean ellas las que propongan las posibles soluciones con el fin de obtener el acuerdo más beneficioso para ambas.

La Mediación surge como solución previa a un litigio, limitando el coste temporal, económico y emocional. Además es un proceso confidencial y privado,  sólo las partes son conocedores del problema, en contra de un juicio que es público.

Las soluciones en una Mediación suele ser duraderas y se cumplen los acuerdos,  ya que son las partes las que llegan al acuerdo, saliendo reforzadas ya que vuelven a comunicarse.

Hay que tener claro también, que no todos los casos pueden tratarse con Mediación,  y se deben resolver mediante la justicia, el arbitraje o la conciliación.

Por lo que ser mediador, aunque parezca que es una tarea fácil requiere de unas cualidades y habilidades que deben ser trabajadas, pues el mediador debe ser neutral, no puede influir en el resultado de la Mediación. Y para ello debe tener empatía, es decir, hacer sentir a la otra persona que es comprendida, lo que significa escuchar activamente. Ser honesto, humilde y tolerante. Creativo, asertivo y buen negociador. Tener sentido de la transformación que se traduce en estar atento a los momentos del proceso en que los participantes tienen la oportunidad de reconocer más claramente sus objetivos, recursos, opciones y preferencias, para tomar decisiones claras y deliberadas. No emitir juicios sobre las opiniones y decisiones de las partes. No sentirse responsable por los resultados de la mediación. Es un sello distintivo, la actitud de poner decididamente en las manos de las partes la responsabilidad por el conflicto.

El Mediador sólo conduce el diálogo, allana y orienta el proceso y NUNCA decide, recomienda o aconseja a ninguna de las partes.

El Mediador debe ser conocedor del campo de la situación a tratar, para poder coordinar la mediación planteando todas las opciones del conflicto.

En resumen, la figura del Mediador permite que los conflictos que surjan se resuelva rápida y eficazmente, sin que los intereses de las partes se vean afectadas, siendo incluso favorecedor para las partes al salir las conversaciones y relación entre las partes fortalecida.